La situación financiera de Argentina se caracteriza por un ciclo de endeudamiento que parece no tener fin, similar al que enfrentó el país durante el gobierno de Mauricio Macri. En este contexto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido criticado por otorgar préstamos exorbitantes sin considerar la capacidad de pago de las naciones, como ocurrió con los $50.000 millones que se le prestaron a Argentina.
El mecanismo del FMI implica que los países en crisis se ven forzados a solicitar nuevos préstamos para refinanciar deudas preexistentes, generando un círculo vicioso de dependencia económica. Estas condiciones de préstamo suelen ir acompañadas de exigencias de reformas que impactan negativamente a la población, como ajustes en los sistemas tributarios y laborales.
El organismo, fundado en la Conferencia de Bretton Woods en 1944, ha sido visto como un instrumento de control por parte de Estados Unidos, que posee una influencia significativa sobre su política monetaria. Este sistema, que se estableció con el objetivo de reconstruir las economías tras la Segunda Guerra Mundial, ha mantenido a países como Argentina en una situación de vulnerabilidad económica debido a las condiciones impuestas para acceder a financiamiento.